Cómo explicar un juego sin morir en el intento

Como explicar las reglas de un juego de mesa

A veces, explicar algo que a nosotros nos parece tan fácil y obvio, pero que a los más peques no, se nos puede hacer difícil. Tenemos que recordar que a ellos les viene todo nuevo y lo último que debemos hacer es perder los nervios.

En Kinuma somos muy de juegos… ¿No? 😜 Por eso, nos hemos encargado de que conozcáis las 6 claves para explicar un juego a un niño sin morir en el intento. Os puede servir, por ejemplo, para explicar las pautas de un juego de mesa, o incluso para aplicarlo al día a día (hacer los deberes o enseñarle tareas nuevas como cocinar juntos, lavarse los dientes, poner la mesa…)

Vendrán genial para cualquier situación ¡Así que toma nota!

 

Como enseñar un juego a un niño

1# Separar el grano de la paja

Cuando queremos explicar una actividad con pelos y señales es muy habitual perderse en detalles y no dar los cuatro puntos clave. Normalmente las actividades tienen un determinado nombre de normas esenciales que hará falta explicar detalladamente. Hay que empezar explicando lo necesario: Ser concisos y concretos. Uno de los aspectos que nos ayudará a decidir cuáles son estas normas o las pautas importantes de la actividad es, siempre que sea posible, la práctica previa por nuestra parte. Si queremos que aprendan cómo se pone la mesa, primero deberían vernos a nosotros hacerlo.

 

 

Juego de cartas infantil

2# ¡Atención, por favor!

Si el peque está mirando las musarañas, seguramente nuestras palabras caerán en la incomprensión absoluta. Normalmente es necesario asegurar un mínimo de silencio para que escuchen, así como una disposición cara a cara (o en círculo si es un grupo), ya que esto permite que todos nos podamos ver; tanto el que explica como el que tiene dudas. Procurar que nos escuchen y nos puedan ver es la primera garantía para centrar la atención en el niño/a.  

 

 

the offbits juego de construcción

3# Vamos por partes

A veces, la complejidad de la actividad hace que la explicación sea demasiado larga. En estos casos, y siempre que sea posible, lo mejor es hacerlo por partes. Todos recordamos la impaciencia que teníamos para comenzar a jugar antes de que se hubiese acabado de explicar el juego. Tal vez pidiendo un poco más de paciencia lo podemos solucionar, pero, seguramente, también podemos comenzar a jugar e ir desvelando las diferentes fases de la actividad. Esta norma es especialmente importante para juegos y talleres con los más pequeños.

Siguiendo con el ejemplo de parar la mesa; en vez de darles vasos, platos y cubiertos a la vez, podemos pedirles primero que pongan un plato en cada sitio.

 

 

 

Puzzle para niños pequeños

4# ¿Y un ejemplo?

Uno de los recursos que más funciona es el ejemplo o aquello que llamamos “Hacer una prueba”. Los mismos niños, cuando les decimos que haremos una prueba, son los primeros en decir que “esta no vale, es de mentira”. Una “demostración” durante la explicación del juego o una de prueba al final suelen ser las formas naturales para acabar de aclarar la mecánica de la propuesta. Es importante, por lo tanto, pararse a pensar cómo y cuándo podemos hacer este ensayo o, si más no, saber que lo tendremos que hacer. Una técnica que suele funcionar muy bien a la hora de hacer deberes.

 

 

Juguetes de madera educativos

5# Adaptarse o morir

Es evidente que un mismo juego ante dos niños diferentes nunca darán los mismos resultados. Más bien al contrario; la edad o la hora del día son condicionantes que determinan el funcionamiento de la actividad. En consecuencia, partiendo de lo que especifica el punto 1 (saber encontrar qué es relevante para la actividad) podemos acabar de concretar y conducir la actividad según lo que observemos o nos convenga: Añadir un tiempo límite si vamos mal de tiempo, hacer pausas si los niños están cansados, no eliminar si queremos que se alargue al máximo, etc.

 

 

 

Juego de cartas familiar

6# Preguntas

Aunque nos parezca un puro formalismo, se considera remarcable el hecho de acabar siempre cualquier explicación preguntándole al grupo si ésta ha sido acertada. Para no cargar con una culpa innecesaria al pequeño si aún no nos ha entendido es mejor decir “¿Me he explicado bien?” Que no “¿Me has entendido?”

 

Y si después de esto aún tienen dudas y nos piden que lo volvamos a explicar, habrá que reprimir nuestros instintos salvajes, contar hasta 10 y… volver a comenzar 😜

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